mauxi.marca2.pdf-2mauxi.marca2.pdf-2Reconciliaciónmauxi.marca2.pdf-2
  • Menú

Reconciliación

  • Inicio
  • Animación Encuentros
  • Reconciliación
Jesús, un hombre de “tres tiempos”
agosto 10, 2008
Retiro Portarse Bien
septiembre 9, 2012

¿Qué es el pecado? Esta pregunta que parece tan obvia cada vez lo es menos en nuestro mundo. Vale la pena, pues, detenerse a explicitar qué es el pecado y cómo realmente atenta contra nuestra propia existencia y la de nuestros hermanos.

  • Es un NO a Dios, una ofensa a Dios. Porque daña la dignidad del hombre. Todo lo que ofende al ser humano ofende a Dios.
  • Rechazar la invitación a ser felices. Deshumaniza.
  • La primera víctima del pecado es el propio pecador: se destruye y deshumaniza; es una ruptura con todo y todos.
  • No hay nada malo, por oculto y secreto que sea, que no rebaje a toda la humanidad.
  • Tres condiciones para el pecado personal: libertad / conciencia / materia.

 

El misterio de Dios

por Mamerto Menapace.

 Dios lo abandonó para probarlo
y descubrir todo lo que tenía
en su corazón
2 Cron 32, 31

Frente al misterio del pecado, muchas veces sube en nosotros esa pregunta: ¿por qué Dios lo abandonó?
Y si la experiencia de pecado se ha dado en nosotros, entonces se hace mucho más quemante la pregunta: Señor, ¿por qué me abandonaste ? ¿por qué dejás que mi corazón se extravíe lejos de vos? como dice Isaías hablando de su pueblo en el capítulo 63, 17.
Pienso que nuestro corazón es mucho más ancho de lo que nosotros pensamos. Nosotros hemos alambrado un retazo de nuestro corazón y pretendemos allí vivir nuestra fidelidad a Dios. Nos hemos decidido a cultivar sólo un trozo de nuestra tierra fértil. Y hemos dejado sin recorrer lo cañadones de nuestra entera realidad humana, el campo bruto que sólo es pastizal de guarida par a nuestros bichos silvestres. Hemos trabajado con cariño y con imaginación ese trozo alambrado. Tal vez hemos logrado un jardín con flores y todo; y para ellos hemos rodeado con un tejido que lo hacía inaccesible a toda nuestra fauna silvestre. Y nos ha dolido la sorpresa de ver una mañana que alguno de los bichos (nuestros pero no reconocidos) ha invadido nuestro jardín y ha hecho destrozos. Y la dolorosa experiencia de la presencia de ese bicho nuestro, introducido en nuestra geografía cultivada, llegó incluso a desanimarnos y a quitarnos las ganas de continuar. Es la experiencia del corazón sorprendido y dolorido.
Y no pensamos que a lo mejor a Dios también le dolía el corazón, viendo que tanta tierra que él nos había regalado para vivir en ella un encuentro con él, había quedado sin cultivar. Que nosotros le habíamos cerrado el acceso a gran parte de nuestra tierra fértil.
A veces, por ahí, uno de esos salmos (gritador y polvoriento) sacude alguno de los pajones de nuestro inconsciente, y se despiertan allí sentimientos que buscan llegar a oración. Pero nosotros enseguida los espantamos. No queremos que en nuestro diálogo con Dios se mezcle el canto agreste nuestra fauna lagunera. Quisiéramos mantener a Dios en la ignorancia de todo aquello que está en nosotros pero que nosotros no aceptamos.
Y es entonces cuando Dios nos obliga a reconocer nuestro corazón. Dios nos abandona para probarnos y descubrirnos todo lo que hay en nuestro corazón. Para que urgido por la dura experiencia de nuestro pecado hagamos llegar hasta sus oídos ese grito pleno de nuestro corazón. Y en esa dolorosa experiencia empieza a morir nuestra dificultar psicológica de rezar ciertos salmos. Nosotros no los aceptábamos porque nos sentíamos plenamente inmunes, puros, totalmente cristianos. Nos parecía que esos salmos eran «precristianos». Gritos de una geografía dejada atrás. Pero nuestro pecado nos llama a la dolorosa realidad de tener que comprobar que la mayor parte de nuestro corazón debe aún ser evangelizado. Que hasta ahí aún no ha llegado la buena noticia de que Cristo se hizo hombre, que murió asumiendo nuestro pecado y que con ellos descendió a los infiernos, para vencer en su propia guarida la raíz venenosa del pecado y de su compañera la muerte.
Dios podría impedir la quemazón de nuestros pajonales. Y sin embargo prefiere sembrar más allá de las cenizas, en la tierra fértil que hay debajo. Dios no impide nuestra muerte; en el surco de nuestra muerte siembra la resurrección para el más allá.
Porque Dios se ha comprometido con todo nuestro corazón. Porque nuestro corazón se salva en plenitud, o no se salva nada.
Pero Dios es poderoso. Y lo salvará

 {jcomments off}

1 2
Compartir

Entradas relacionadas

noviembre 1, 2024

Adviento es conversión


Leer más
noviembre 1, 2024

Adviento es esperanza


Leer más
noviembre 1, 2024

Adviento es testimonio


Leer más
mayo 25, 2023

María, la mujer creyente


Leer más

Buscar

Histórico

Etiquetas

Acompañamiento adviento animación asistencia búsqueda de sentidos celebración conversión cuaresma dinámica discernimiento Don Bosco educación encuentro Encuentros experienciales esperanza espiritualidad Espiritualidad Juvenil Salesiana evangelización Experiencias pastorales formación Grupo Imágenes de Jesús Jesús juego juventudes lugar pastoral María misiones MJS Navidad Oración Oratorio Palabra de Dios pascua Pastoral Juvenil salesiana reconciliación reflexiones pastorales salesianos santidad semana santa servicio Sistema Preventivo testimonio tiempo vocación

Menú

  • Menú
© Salesianos Uruguay
Desarrollado por SJDigital