Hemos comprendido que el lugar donde se da el encuentro entre nosotros y Dios es en todas las experiencias de la vida humana. Necesitamos un “conocimiento” de lo que las habita que nos lleve a contemplar la presencia de Dios en nuestra historia. A ese conocimiento experiencial se llega por caminos que recojan las vivencias que nos acompañan y las resignifiquen desde el encuentro con los demás y con Jesucristo.
Partimos de la unidad básica de vivencia de este hombre, a la que llamamos:
· la experiencia, contiene lo que nos pasa dándose en todas las dimensiones de la persona a la vez.
· lo experiencial contiene todas esas dimensiones de una experiencia y lo explicita favoreciendo en el hombre un darse cuenta de lo vivido unificadamente.
· lo experiencial se da cuando el hombre encuentra otro hombre a quien comunicar la experiencia y así darse cuenta de quién es y está siendo, de hacia dónde está yendo, y qué sentido tiene lo que está viviendo.
· lo experiencial es para decir, narrar, comprender, mostrar, visualizar, simbolizar, trascender, y no tanto para explicar.
1. ¿qué experiencia/s vamos a profundizar?
2. ¿qué aspectos están problematizando la experiencia/s?
3. ¿cuánto les acompaña esta/s experiencia/s? ¿desde cuándo? ¿en qué ámbitos de sus vidas?
4. ¿qué no han profundizado de esta/s experiencia/s? ¿de qué no han hablado entre ustedes o con otros?
5. ¿qué elementos conceptuales ya tienen para la comprensión de esta/s experiencia/s?
6. ¿cuáles quisieran profundizar?
7. ¿a qué sienten que los está llamando Dios para crecer y vivir mejor esta/s experiencia/s?
Motivación de la experiencia:
¿cómo entran en tema?
Describir la experiencia:
¿qué vivo o vivimos? ¿qué hace que esto sea así? ¿cómo quisiera que fuera?
Analizar la experiencia:
¿qué comprender mejor para cambiar las cosas de acuerdo a lo que quisiera que fuera?
Discernir desde la experiencia:
¿en qué confiar más allá de nosotros mismos?
Desde la experiencia:
1. ¿qué están viviendo?
2. ¿qué es lo extraordinario, dentro de eso que se está viviendo?
3. ¿qué descubrimos como algo que trasciende lo que vivimos?
4. ¿qué textos, gestos, ambientes, luces, sonidos, objetos nos permitirán explicitar en una celebración lo anterior?
1. ¿qué descubrí en los jóvenes, en los otros animadores, y en mí?
2. ¿qué semillas del Reino hay en nosotros, qué trigo, qué cizaña?
3. ¿qué nos dice Jesús para nuestra conversión y envío a la misión?
¿qué comprender mejor para cambiar las cosas de acuerdo a lo que quisiera que fuera?
4. ¿qué novedad integraremos a nuestra planificación para continuar luego de este encuentro?
comenzar a recorrer las preguntas 1 a 7 de PARA DISEÑAR UN ENCUENTRO
(Tomado de Díaz, Ana María, Proceso formativos en la Pastoral Juvenil en clave vocacional).
Vale la pena detenerse a profundizar cada paso de este método:
Este primer paso del Método de Formación Experiencial se fundamenta en un hecho simple: nadie está en situación de escuchar una respuesta, si antes no se hizo una pregunta.
Es preciso despertar un impulso motivacional interior si se pretende ensanchar los intereses de los jóvenes, de tal modo que se abran a la propuesta novedosa del Mensaje y que, esa propuesta, sea significativa para ellos.
Normalmente la motivación se logra cuestionando la experiencia que viven los jóvenes, introduciendo un elemento perturbador que despierte inquietud, que haga explícitas sus interrogantes latentes y que exijan la necesidad de reestructurar la experiencia en una síntesis nueva.
Este paso metodológico pretende que los jóvenes, progresivamente, se hagan capaces de identificar sus experiencias, al comunicarlas. El proceso de maduración que viven los jóvenes, les exige asumir lo que sienten, piensan y hacen a fin de lograr una integración de su personalidad y elaborar un proyecto vital que la consolide. El momento de la descripción de sus experiencias les ayuda a superar la tendencia «idealizadora» que suelen tener los jóvenes, avanzando hacia una percepción cada vez más realista de sí mismos y de su medio
Se suele decir que una evangelización profunda no puede quedarse en un puro compartir experiencias, que los jóvenes necesitan aprender ciertos contenidos de fe, para asegurar una formación sólida. No hay duda sobre esto. Sin embargo, la separación entre la fe y la vida, nace de procesos de educación de la fe que promueven la incorporación abstracta de los contenidos de la fe, sin favorecer una adhesión vital.
El Método de Formación Experiencial propone introducir a los jóvenes en sus experiencias, porque es la manera de acoger a cada cual donde está, respetando el protagonismo de la experiencia de conversión, que significa asegurar el tránsito desde una conciencia dependiente y con control externo hacia una conciencia autónoma y con control interno.
La descripción de la experiencia es un paso metodológico necesario para restituir la palabra a los jóvenes, y ayudarlos a dar nombre a lo que viven Para facilitar esta autoaclaración existencial, es importante que la evangelización no se anticipe a formular preguntas desde fuera de la experiencia de los jóvenes, sino más bien los acompañe a adueñarse de su existencia y a comprender lo que viven.
La comprensión profunda de las experiencias personales no se logra solamente describiéndolas. Ese primer relato hay que considerarlo casi como un mensaje a descifrar.
El análisis de la experiencia, es un paso metodológico que pretende profundizar en ellas a fin de comprenderlas efectivamente.
El momento del análisis pretende retomar las experiencias personales y desplegar sus significados, facilitando el proceso de «darse cuenta» ya que ellas expresan los criterios, las valoraciones conscientes o inconscientes, la información que se maneja, la autoimagen, la conciencia social, las posibilidades de acción que se reconocen, las atribuciones de causalidad que se establecen entre los hechos, lo que se considera bueno o malo, justo o injusto, falso o verdadero, en fin, todo lo que se llama »visión del mundo»
Esto es lo que importa evangelizar en profundidad. Es necesario tener presente que la «visión del mundo» no es sólo percepción intelectual o modo de pensar, Induce además, conductas y fuertes connotaciones afectivas. Para dar coherencia a la vida, se ponen en juego una serie de mecanismos como las «racionalizaciones», las «negaciones» y las «percepciones selectivas», que llevan a esconder a la propia conciencia, hechos y actitudes que obligarían a buscar fundamentación teórica e instrucciones para su desarrollo práctico nuevas respuestas a determinadas situaciones. Es así como se sostienen las ideologizaciones que hacen persistir en determinadas actitudes, aún en la insatisfacción.
En este contexto cobra sentido el momento del análisis de las experiencias, constituyéndose en un momento de descodificación de las mismas (descodificación: descubrir los códigos que orientan nuestra conducta; el conjunto de situaciones bajo las cuales se actúa y se otorga sentido a la acción) Importa hacer explícito todo lo que hay de implícito e inconsciente en las experiencias y así abrir mayor cauce al protagonismo de la propia vida, dándole mayor autodirección
El trabajo progresivo de analizar las propias experiencias permite facilitar el proceso de desprenderse de las ideologizaciones e idolatrías que empobrecen la vida, aumentar la autoestima, elevar la autoimagen y crecer en el sentimiento de potencia y, al mismo tiempo, dar espacio a la elaboración de actitudes alternativas a través del ensayo de experiencias más auténticas.
Para lograr bien este paso, los jóvenes necesitan el apoyo de elementos de análisis para comprender mejor lo que viven, elementos de los cuales normalmente carecen. Por tanto, ese momento de proporcionarles la información que necesitan a fin de confrontar su vida. Sin embargo, estos elementos no son contenidos abstractos, sin relación con su vida. Por el contrario, son contenidos llamados vitalmente desde sus experiencias, que les permiten profundizarlas y asumirlas.
La fe ejerce una función de resignificación y de crítica profética de las experiencias de vida. Es por esto que este último paso del Método de Formación Experiencial propone realizar una lectura del significado más hondo de la experiencia de vida: su significado de fe.
Los pasos anteriores del Método se constituyen en una preparación necesaria para acoger el don trascendente de la revelación de la fe sobre la vida. La fe revela en plenitud el profundo valor de toda experiencia auténtica y la amplifica en el horizonte de lo divino, otorgándole un significado definitivo.
La fe se propone como el criterio último que permite ordenar, jerarquizar y autentificar los proyectos y realizaciones personales. En referencia a Jesucristo y su Mensaje, las experiencias de vida encuentran un criterio de autoevaluación y de unificación.
El paso metodológico del discernimiento se apoya en:
– Una actitud personal
– La proclamación de la Palabra o el Magisterio de la Iglesia
– La dimensión comunitaria
Los momentos de descripción y análisis, favorecen una disposición personal hacia la búsqueda de un nuevo sentido en las experiencias personales, búsqueda que nace de constatar los límites de las respuestas hasta ahora encontradas. Es esta disposición la que permite involucrarse personalmente en la respuesta.
La proclamación de la Palabra de Dios es acogida como un anuncio que invita a vivir un Mensaje que está más allá de la responsabilidad personal y de la autosuficiencia; un anuncio que es don gratuito de liberación. Así, la Palabra se convierte en un «evangelio» capaz de develar, interpretar y consolidar las búsquedas presentes en las experiencias de vida, que sólo Él es capaz de colmar. Es un mensaje que anuncia y al mismo tiempo arrastra y convierte a cada uno en esa novedad sorprendente que anuncia.
La dimensión comunitaria fortalece el proceso de discernimiento puesto que la fe es siempre «crecer con», de modo que la comunidad es el lugar de encuentro y celebración del acontecimiento de la fe y actúa como corriente de testimonio y apoyo al discernimiento.
Es importante notar que el discernimiento no es un proceso puramente intelectivo, sino que involucra a toda la persona, aun cuando se requiera un momento de reflexión para favorecer la integración de las nuevas perspectivas que ofrece la mirada desde la fe.
El paso del discernimiento cierra el proceso del Método de Formación Experiencial, ofreciendo a cada uno la posibilidad de volver a contar su historia, en una «segunda descripción», pero esta vez es una historia más completa, más veraz, más profunda y fundamentación teórica e instrucciones para su desarrollo práctico liberadora. Es la historia del caminar en el abandono de sí en el Dios que salva en Jesucristo. Es vivir la experiencia pascual que lleva de la insatisfacción a mayor plenitud, de la falta de contacto consigo mismo a mayor identidad, del individualismo a caminar junto a un pueblo, de la confusión a la luz, del pecado a la reconciliación, del intimismo a la acción transformadora, abriendo a alternativas de cambio (personal-social) como expresión de compromiso cristiano. Esta nueva historia es la que regala a todos un corazón nuevo, una sabiduría nueva y una práctica nueva.