Resonancia de experiencias pastorales

diciembre 23, 2016
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Yo soy así…

people 2500990 640Una de las maneras más cómodas de justificarnos es etiquetarnos y así tenemos la excusa para no cambiar: “perdón, pero es que yo soy así”. Que es la forma educada de decir: “disculpa, pero no me interesa cambiar”.

El yo soy así no es una excusa, sino un agravante; si uno sabe lo que es, está mejor situado que otros para corregirse. Si uno sabe cómo es, razón de más para que no se lo perdone y se corrija.

Todos estamos condicionados por diversos factores: hereditarios, sociales, personales, educativos…todo conlleva un ramillete de virtudes y defectos. Educar es potenciar las virtudes y eliminar -al menos reducir- los defectos. Cuando renunciamos a la lucha con el consabido yo soy así, estamos estorbando el pleno desarrollo de la personalidad y de la dicha de vivir.

Hay en todas las almas -en todas- grandes poderes dormidos, cualidades estimables que podemos abortar con el yo soy así. Pero estos dones se atrofian con defectos que pudieron y debieron corregirse fácilmente con un ligero control sobre nosotros mismos.

Es una pena observar cuánto bien queda muerto antes incluso de haber nacido, bajo la losa de la disculpa simplona y cómoda: yo soy así y no lo puedo remediar.

julio 16, 2018

Pequeñas maneras de amar

Pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más vividero y, por otro, a el corazón de quien los hace. 

En la espiritualidad y pedagogía salesiana estos gestos son fundamentales, son lo que constituyen la "amabilidad" o "amor demostrado". Ellos generan confianza, afecto mutuo entre jóvenes y educadores.

Este listado, por supuesto, debe ser ampliado y complementado. Por ejemplo, en el mundo virtual y de las redes sociales en las que hoy vivimos, ¿qué gestos de amor podemos tener?

septiembre 24, 2018

El sacramento de la sonrisa

Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, un solo don, un regalo celeste, le pediría, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de las expresiones humanas.

Hay, ya lo sé, sonrisas mentirosas, irónicas, despectivas y hasta ésas que en el teatro romántico llamaban «risas sardónicas». Son ésas de las que Shakespeare decía en una de sus comedias que «se puede matar con una sonrisa». Pero no es de ellas de las que estoy hablando. Es triste que hasta la sonrisa pueda pudrirse. Pero no vale la pena detenerse a hablar de la podredumbre.

Hablo más bien de las que surgen de un alma iluminada, ésas que son como la crestería de un relámpago en la noche, como lo que sentimos al ver correr a un corzo, como lo que produce en los oídos el correr del agua de una fuente en un bosque solitario, ésas que milagrosamente vemos surgir en el rostro de un niño de ocho meses y que algunos humanos -¡poquísimos!- consiguen conservar a lo largo de toda su vida.

octubre 6, 2018

Cuando creías que no te estaba mirando

octubre 9, 2018

Todo lleva su tiempo

octubre 10, 2018

El patio soñado

octubre 17, 2018

Los educadores antes las experiencias vitales

octubre 28, 2018

Que no se pierda, Señor.

octubre 31, 2018

Cuando los sueños se comparten

noviembre 2, 2018

La Falta que hace falta

noviembre 9, 2018

Nadie vive para sí mismo

noviembre 10, 2018

Todo discípulo es un creyente…

noviembre 14, 2018

Adulto, recuerda que…